De Cornell a Urabá: la abogada que lidera el frente legal de Puerto Antioquia

La abogada santandereana Kelly Johana Cárdenas terminó su LL.M. (maestría en derecho) en Cornell University, Estados Unidos, con COLFUTURO y de inmediato se trasladó al municipio de Apartadó, donde hoy lidera la gestión jurídica de la compañía, asegurando su solidez contractual, regulatoria y corporativa.

Escrito por: Comunicaciones COLFUTURO

El pasado 5 de febrero entró en operación Puerto Antioquia, el nuevo terminal marítimo colombiano ubicado en el Urabá antioqueño. Este megaproyecto promete mejorar la competitividad del país al reducir los tiempos logísticos y los trayectos terrestres hacia los principales centros productivos que realizan operaciones de comercio exterior por el mar Caribe. 

En este puerto multipropósito, diseñado para movilizar todo tipo de carga —desde contenedores refrigerados y secos hasta granel y carga rodada—, una beneficiaria de COLFUTURO realiza una labor silenciosa, pero vital para garantizar la seguridad jurídica de las decisiones que allí se toman a diario. 

“Esa combinación entre rigor jurídico y resiliencia es la que hoy me permite aportar en un sector clave para el comercio exterior del país. No en vano nosotros decimos que somos la ‘mejor esquina de América”

Se trata de la abogada bumanguesa Kelly Johana Cárdenas Vera, egresada de la Universidad Industrial de Santander (UIS), quien lidera la gestión legal de la compañía para asegurar su solidez contractual, regulatoria y corporativa. 

Por sus manos pasa no solo la contratación para el suministro de bienes del puerto, sino también los asuntos corporativos frente a accionistas y clientes. 

Desde su cargo como gerente legal, Johana garantiza que todo lo que deba estar dentro del puerto funcione correctamente. 

Su llegada a este cargo representó un cambio radical: pasó de vivir en Nueva York, donde cursó su LL.M. en Cornell University con el apoyo del Programa Crédito Beca, a radicarse en Apartadó, municipio del Urabá antioqueño. Es un giro que hoy la llena de satisfacciones. 

“Levantarse todos los días para saber que estás haciendo algo trascendental para el país y para la gente que vive aquí, vale la pena. Lo más retador y enriquecedor es procurar generarle bienestar al Urabá antioqueño, una zona históricamente olvidada y con dificultades. Ver cómo se generan oportunidades distintas y se cumple la promesa de valor para la comunidad es increíble”, afirma.

Su único reparo sobre vivir lejos de las grandes urbes es la limitada oferta de transporte aéreo en la zona: “Hay que comprar los tiquetes con un mes de anticipación”, explica entre risas. 

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Estudiar su maestría en Estados Unidos en una universidad que hace parte de la Ivy League le brindó a Johana sólidas herramientas jurídicas y competencias clave para desenvolverse en Puerto Antioquia, un entorno donde confluyen el comercio internacional, los inversionistas extranjeros y regulaciones altamente complejas. 

El programa, con énfasis en derecho de los negocios corporativos e internacionales, fortaleció su capacidad para analizar normas comparadas y entender los estándares globales que impactan la actividad portuaria. 

Sin embargo, destaca que lo más valioso fue el desarrollo de habilidades blandas: la capacidad de negociar con distintos perfiles, adaptarse a escenarios cambiantes y responder con serenidad ante situaciones límite. 

“Esa combinación entre rigor jurídico y resiliencia es la que hoy me permite aportar de manera estratégica en un sector clave para el comercio exterior del país. No en vano nosotros decimos que somos la ‘mejor esquina de América’, y acá se combina perfectamente lo público con lo privado”, destaca. 

A esto se suma la ventaja competitiva del idioma. Aunque ya dominaba el inglés al llegar a Nueva York, cursar su maestría le permitió perfeccionarlo. Hoy, esta habilidad es indispensable para interactuar fluidamente con navieras, proveedores y operadores logísticos que manejan sus operaciones internacionales en ese idioma. 

Al terminar sus estudios, se le presentó la oportunidad de trabajar en Naciones Unidas. Sin dudarlo un segundo, declinó la oferta para regresar a Colombia y vincularse a Puerto Antioquia. Inició como coordinadora de contratos, ascendió a directora legal y, este año, fue nombrada gerente legal. 

“Para mí es muy importante la simbiosis entre economía, derecho y comunidad. Como legado, me gusta demostrar que uno puede hacer país desde el derecho comercial; que la empresa y el sector privado también son fuentes generadoras de empleo" 

Su exitosa trayectoria combina experiencia en dirección y estructuración jurídica dentro de sectores estratégicos, como la infraestructura portuaria y la agroindustria. Previamente, construyó un perfil robusto enfocado en derecho corporativo, contratación compleja y gobernanza. 

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Durante su paso por la Cornell, se desempeñó como Eisenberg Fellow, un rol netamente perteneciente a la escuela de derecho (Cornell Law School), donde realizó trabajos de investigación en transición y confiabilidad del sistema judicial. 

Esta formación académica multidisciplinaria fue clave para acceder al rol de Graduate Research Fellow en el programa SMART (Student Multidisciplinary Applied Research Teams). Allí, con el apoyo del Grupo del Banco Mundial y la Dyson School, llevó a cabo un análisis de campo sobre la resiliencia de las MIPYMES en el Sur Global. 

A nivel nacional, su experiencia se complementa con su labor como abogada en la Federación Nacional de Cafeteros y en la firma MartínezBáez Abogados, además de sus inicios como practicante en el Consejo de Estado. 

Todo este recorrido —que entrelaza la academia internacional, el sector público y las organizaciones privadas— ha forjado en ella una visión integral de su profesión. Entiende que su rol va mucho más allá de la revisión de contratos, convirtiéndose en un motor de desarrollo social. 

Así lo confirma al reflexionar sobre su propósito: “Para mí es muy importante la simbiosis entre economía, derecho y comunidad. Como legado, me gusta demostrar que uno puede hacer país desde el derecho comercial; que la empresa y el sector privado también son fuentes generadoras de empleo y no solamente consumen a la comunidad. Poder estar desde este lado y hacerlo posible es muy gratificante”. 

Con esa misma convicción, Johana recomienda vivir la experiencia de estudiar una maestría en el exterior. “Con miedo o con dudas, hay que lanzarse a hacerlo”, señala enfáticamente. 

“Es una experiencia que vale totalmente la pena por el profundo enriquecimiento personal que genera. Más allá del componente académico, implica un crecimiento integral: retarse en lo intelectual, pero también en lo emocional y en lo humano. Salir de la zona de confort y enfrentarse a nuevos contextos fortalece el carácter, amplía la mirada y desarrolla habilidades que difícilmente se adquieren cursando un posgrado en Colombia. Además, deja amistades para toda la vida y herramientas que te hacen más competitivo en un entorno profesional cada vez más exigente y global”, concluye.

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